Pensar en la muerte, me da escalofríos,
pensar que algún día todos moriremos. Porque del polvo venimos y al polvo
iremos. Pero creo que lo que me da más miedo, no es mi muerte, sino la muerte
de las personas que amo.
28 de Marzo de 1976
La señora había terminado de preparar la cena, estaba sola en casa, había preparado sopa de morón. Cuando repentinamente tocan la puerta, era su hermano. ¿Qué hacia el allí? ¿No se supone que no iba a venir hasta la madrugada? Lo hizo pasar, su hermano tenía hambre, así que le sirvió la sopa, abran pasado 10 minutos, cuando la puerta vuelve a tambalear. El señor se para de su cómodo asiento, y ve varias personas, que entre tanto griterío logro descifrar lo que querían decir ¡TU HERMANO SE HA ACCIDENTADO, LO LLEVAN AL HOSPITAL!
Mi tía se estremeció en el carro
donde estábamos, hizo una pausa. Sus ojos se enrojecieron, pero prosiguió. Mi
primo escuchaba atento igual que yo la historia que siempre nos habían
ocultado.
Una señorita se encontraba
jugando en la cancha de abajo, y también la misma multitud dice que vaya al
hospital, que nadie había en su casa y que corra al hospital. Ella con su
pequeña prima van a la casa y a certificar que no hay nadie, van al hospital María
Auxiliadora. Cuando llegaron, sus parientes, la miraban con caras tristes. ¿Qué
pasaba? ¿Porque nadie le decía nada? ¡TAMBIÉN ERA SU HERMANO! A las 5:30 pm, la
hicieron pasar, era un cuarto blanco, era frío, en su corazón sentía que algo
malo pasaba, no quería ver, no deseaba ver.
Lloro como si le hubieran pegado,
lloro como si el mundo se hubiera detenido en ese instante, mi tía y su hermana
lloraban, mis ojos enrojecidos con las lágrimas queriendo salir se aguantaban,
porque mi primo, que ya se había quebrado me miraba. Cuando las cosas se
tranquilizaron en ese viejo Volkswagen color amarillo, mi primo nos invitó un
cicle a todas.
Había un joven, alto, delgado, quieto en la camilla, no se movía, ella se acercó, lo vio y se derrumbó en sus brazos ¡SU HERMANO, ERA SU HERMANO!, pero algo mal estaba en él, no se movía, no hacia gesto, no le sacaba sonrisa, ¡NO RESPIRABA! No pudo con el dolor y salió de la habitación, ahí vio a sus parientes llorando. Regresaron a su vivienda, la casa era silencio, de los 5 hermanos que aún le quedaban a la joven, uno todavía no se había enterado de aquella fatal noticia.
Mi corazón latió, sacando mis cuentas y pensando, ya sabía quién faltaba, ¿Por qué no estaba ahí? ¿Por qué se había ido? ¿A dónde se fue?, esas serán las preguntas que quizás nunca tengan respuestas.
A las 11 pm, llego un joven a su casa, y vio a toda su familia en silencio, nadie le quería decir nada, nadie le daba razón. Pregunto por su hermana menor, ¿Dónde estaba?, y escucho una voz, ¡QUICHO!, era una voz de dolor, y penuria, era una voz de llanto. Corrió hasta el cuarto donde se encontraba aquella joven, que horas antes prácticamente había escapado del hospital, la abrazo y le dijo ¿Qué pasa? ¿Por qué todos lloran?, la desesperación del joven por saber la verdad, hizo que se encolerice, pero cuando escucho las palabras: JAVIER, JAVIER HA MUERTO. No lo puedo creer, su hermano menor, El no, todos menos el. El joven, esa noche lloro desconsoladamente y repetía a gritos el nombre de su hermano. Al joven nadie le pregunto qué es lo que estaba haciendo ni de dónde venía, nadie le dijo eso, porque el dolor, ese desgarro del corazón quizás se convirtió en la mejor lección de su vida.
Mi tía, termino la historia
sonriendo y diciéndome: Es por eso que tengo miedo a los hospitales. Y en ese
Volkswagen que estaba al frente del edificio de emergencia del hospital María
Auxiliadora, me entere como
murió mi tío.
murió mi tío.
Quizás si el joven fallecido, hubiera tomado una buena decisión, quizás que si sus hermanos hubieran estado todos unidos, quizás si lo hubieran auxiliado pronto. Quizás, quizás…
P.D:
Hector Javier Ari Jaime, era un joven alegre, era un joven jovial con una vida por delante, tenía 23 años cuando lo asesinaron. Una tarde el salió a correr, al costado de la comisaria donde trabaja, cuando de pronto se fue la luz de los postes, y de espaldas, dos balazos atravesaron su cuerpo, lo demás fue sirenas de ambulancia y llantos de personas que lo amaban. Los terroristas, no solo destruyeron la alegría de mi familia, sino de muchas familias del Perú, porque esos mártires peruanos, se merecen un minuto de silencio.
