jueves, 27 de marzo de 2014

Tú tienes esa luz de la cual me enamoré


Y besó al niño que tenía en su vientre, lo beso con ternura, lo beso sin pensar en el que dirán, lo beso con sinceridad, deseándole lo mejor al pequeño Benjamín. Lo beso porque era parte de ella, porque estaba en ella y todo lo que era de ella, él lo amaba.

Se conocieron en la “CUSTER” rumbo a Acho para un trabajo de campo en un albergue de adultos mayores, en el momento que intercambiaron palabras él sintió una química, una sensación eléctrica que hizo que su pulso tenga latidos arrítmicos y que su piel se ponga como el de una gallina. En ese preciso momento empezó una historia peculiar de amor. Había una amiga cercana que era como la intercesora, pero ella no sabía que lo era, ellos se hicieron muy buenos amigos; él buscaba la manera de conversar y enterarse como estaba ella, no había día que no hablaran. La amiga cercana noto esta peculiaridad, y lo confirmo cuando hubo un Congreso Internacional de su carrera; ella noto como los ojos del él miraban a su mejor amiga, él la miraba como si estuviera viendo el mayor de los tesoros, la cuidaba y la protegía. Ella era despistada, vivía en su mundo, en sus problemas y fantasías; es por eso que su amiga al ver esto, le dijo sutilmente que el joven de lentes, pelo negro, que siempre paraba con la casaca de cuero y audífonos la quería. Ella, una joven delgada, con una mirada tierna, unos ojos como zafiros, nariz pequeña, que también paraba con audífonos, fue directo al grano, y le pregunto cuando estaban los tres juntos si el justaba de ella. La mirada del chico, el enrojecimiento en sus mejillas, no se puede describir, sus manos sudaban y tartamudeo, con una voz muy dura pero a la vez temblorosa dijo: No, no me gustas. En ese momento algo de él se quebró, algo de ella se sintió seguro y continuaron su trayecto normal.
Al año siguiente, ya no iban los tres juntos, la amiga de la joven se había alejado, debido a que una nueva compañera se había incluido al grupo. Seguía el junto a ella, acompañándola, involucrándose en su vida; fue correspondido, su amor de un año fue correspondido, pero ella tímida en esas cosas no le decía nada, se amaban en silencio. Todo cambio cuando la ahora “mejor amiga” “nueva amiga del grupo” “el remplazo de su ex mejor amiga” de la joven le confeso que le gustaba el joven, que nunca había sentido nada por nadie, que era su primera ilusión, que lucharía por su amor. Su amiga se lo confeso en un parque o bien llamado “El Edén”, en ese momento algo en ella murió, y nació un amor imposible. Él se dio cuenta que algo había cambiado, las miradas, los roces, la voz ya no eran lo mismo, viendo que estaba perdiendo acercamiento se armó de valor y con todo el coraje del mundo le dijo: “Te amo, te amé desde que te conocí, mi amor se acrecienta cada día, necesito cuidarte, necesito estar cerca de ti, necesito amarte”- lagrimas gruesas corriendo de los ojos de ella, lágrimas de impotencia al no poder corresponderle por su amiga, ella solamente dijo: “Te estas confundiendo, lo nuestro es amistad, lo siento”- el sonido de un grito de dolor se hubiera escuchado si los dos hubieran tenido un estetoscopio en el corazón.

Él la conoció a ella en primavera, quizás ella le haya puesto esa brisa de amor que el tanto estaba buscando, que hizo que su personalidad cambiara para bien.


Allí no termina esta historia, porque se supone que tiene que tener un final feliz, un final feliz que ya está escrito y plasmado; debido a que mis ojos se caen por el sueño, tendré que escribir la continuación de este historia en el siguiente post.

sábado, 22 de marzo de 2014

Pertenezco a un cuarteto y ¡ME ENCANTA!


A veces las personas no saben que al dar la espalada un puñal es levantado.
Encontrar un verdadero amigo en estos tiempos es muy difícil, encontrar a alguien con quien puedas desahogarte es como un milagro.

“Si quieres un amigo, comienza por probarlo y no confíes en él inmediatamente. Porque hay amigos de ocasión que no son fieles el día de la desgracia. Hay amigos que se vuelven enemigos y que se pondrán a hablar de tus líos para avergonzarte… El amigo fiel es refugio seguro; el que lo encontró ha hallado un tesoro” – Sirácides 6,5 – 17

Hoy en día hay lobos disfrazados de ovejas. Un amigo es quien te cuida, te protege, te apoya; y aquí con esta descripción surgió una duda: Los jóvenes que forman una pandilla, ¿Son realmente amigos? Estuve debatiendo junto con algunos compañeros de la parroquia, realmente se puede llamar a alguien amigo cuando te incita a hacer cosas malas, ¿pero si igual te cuida y protege?- dijo Andy, increpándome el ejemplo- Claro en las borrachas se conocen a los “amigos” – pensé. Kike uno de las personas que estaba en el círculo en cual estábamos debatiendo, dijo una definición sobre estos “amigos”: Ellos no se pueden llamar amigos, ellos son cómplices, si bien cumplen con todos los requisitos al momento en el cual uno cae, los demás corren. Entre piedra y piedra el más lento se queda, las pandillas te condicionan para entrar, un amigo no; cuando no quieres seguir con lo que hacen ellos te imponen o te insultan, un amigo te comprende. Es bueno saber estos tipos de terminología para poder tratar con jóvenes, explicándoles bien la diferencia.

El año pasado conocí a dos jóvenes que integraban la misma pandilla, la pandilla se llamaba “NECROPSIA”, toda mi zona está pintada de su logo. Fue difícil trabajar con ellos, enseñarles, guiarlos en el camino de Dios; el resultado no fue satisfactorio, puesto que no trabaje con la familia, pero aprendí mucho de ellos. Aprendí  que los denominados “pandilleros” pintan las padres, tiran piedras, se pelean entre ellos, por un único motivo “llamar la atención”, en sus casas no les prestan atención y ellos quieren gritar a sus familias y al mundo ¡ESTOY AQUÍ, HAZME CASO, ESCÚCHAME, DENSE CUENTA QUE EXISTIMOS! Estos gritos se reflejan en las ya antes mencionada características. Un padre salesiano en un taller al cual asistí, dijo que trabajar con estos jóvenes es lo más satisfactorio y hermoso, porque dentro de ellos hay sinceridad, porque cuando se abren son un libro con muchas historias de dolor adentro, historias que te pueden hacer llorar y  sufrir si la viviéramos. El fruto del año pasado se llamó “Chucho”, el me enseño que esto es cierto, su abrazo de sinceridad y sus lágrimas que me daban las gracias por prestarle atención fue mi mayor satisfacción; y sus últimas palabras antes de dejarlo “libre” me hicieron llenar de orgullo: “Estando todo este tiempo aquí, pues me hicieron ver las cosas de diferente manera, me aburrí en las mayorías de las charlas. Pero te doy gracias, pues ahora las cosas que hago, lo pensare dos veces, pues sé que hay alguien que siempre me ve y se preocupa por mí, mi verdadero amigo”
Me enseño una gran lección, me enseño algo que quizás nunca hubiera comprendido si él no lo hubiera dicho en sus palabras, en su lenguaje, en su tono.

Amistad es sinónimo de amor, el amor es dar, y el que dio todo por nosotros, es Cristo. El amor es Cristo, la amistad es Cristo; si en el lazo que tienes con tus amigos o familias no está el amor (Cristo), no perdurará. Es un don que Él nos regaló y que debemos de cuidarla y fortalecerla día a día. Encontré mi familia escogida, ese lugar donde puede ser yo misma, donde me dicen las cosas con sinceridad, sin que se burlen, encontré el lugar donde menos pensé encontrarla, lo encontré y soy feliz. Somos un cuarteto, nos apoyamos y domingo tras domingo nos hacemos más unidos, porque en nuestra amistad está el amor. La amistad no conoce edad, la amistad no conoce procedencia, la amistad se da.


Post dedicado a: Shagui, Pollito y Stupidu. Gracias por entrar a mi vida, gracias por llegar en un momento en el cual mi fe estaba cayendo, gracias por sujetarme cuando estaba en el precipicio y sobre todo gracias por convencerme de servir una año más a Dios.

viernes, 7 de marzo de 2014

ÉL

A él lo conocí el año pasado, un amigo me lo presento. Él es alto, pelo negro, ojos pequeños y tiene esa sonrisa que trasmite sinceridad. Él tiene un nombre muy extraño, es una persona como pocas en esta época, yo no me hablo mucho con él y creo que nunca lo haré, tiene esa forma de rareza tierna que llama la atención; le gusta la naturaleza, la justicia, los derechos humanos, ama a Dios, la cultura, divertirse y muchas cosas que quizás nunca sabré. Es un buen amigo según lo que puedo escuchar de personas, que si tienen esa capacidad de hablarle por más de  quince minutos, él es proactivo y siempre apoya en todo lo que pueda, es un hombre de confianza según mi párroco. No es tímido pero si es reservado, habla lo necesario y cada vez que lo hace se aprende algo.
Yo no me  hablo mucho con él, solo lo miro de lejos, esperando que un día él se dé cuenta que esa sensación de que alguien lo observa tiene origen en mí. Sabe mi nombre, a duras penas se lo aprendió, después del interrogatorio que un día le hice, el me mira y se ríe; desde lejos siempre nos saludamos y despedimos con unas manos tímidas que significan hola y chau en un lenguaje común (en mi lenguaje significa: que bueno que estés aquí y ve con cuidado que el mundo es peligroso), se ha vuelto nuestras costumbre o al menos eso creo yo. Recuerdo que el mes pasado me arme de valor para poder quebrantar esa “despedida de manitas” y poder hacerlo con un beso en la mejilla, cuando me acerqué, él se puso un poco para atrás, lo cual movió nuestras mejillas y nos dimos un roce de “quijada – oreja”. Ese día me fui muy avergonzada, pero al día siguiente, cuando nos saludamos de mejilla sin que ninguno de los titubee, entendí que era la sorpresa de romper una rutina, una costumbre, un hábito que sin querer habíamos creado. Actualmente volvimos a ese hábito “del saludo de manitas” con una fuerte sonrisa, es mucho más gratificante que un saludo en la mejilla.
¿Me gusta? Es la interrogante que pasa por mi mente, cuando lo veo y no lo veo. Me dijo a mí: es un BUEN PARTIDO, tiene 24 años, es Ingeniero Económico de la UNI, tiene un buen empleo y tiene todas las cualidades anteriormente mencionadas, pero sobretodo tiene ese “ no sé qué” que me roba miradas y suspiros. Quiero hablarle, realmente quiero llegar a conocerlo mejor, me da curiosidad.
Cuando terminó nuestro curso en el que estábamos (y en mi mente digo “nuestro curso JUNTOS”) esperé con ansias la solicitud de amistad, actualizaba en cada momento mi Facebook esperando que llegará, mis emociones se mezclaban, ese día me fui a dormir con una incertidumbre en mi mente; al día siguiente, esbocé una sonrisa sin ni siquiera pedirla, estaba su nombre, su sonrisa en esa solicitud. Me demore en aceptar, según yo para hacerme la importante, pero con esa esperanza que algún día me salga: “***** te envió un mensaje”.

Hace dos día lo googlee, me entere de tres cosas, solo una es importante. Me entere cuál es su nombre completo, me entere que trabaja para una importante empresa y que tiene twitter en desuso. Nunca había googleado a alguien, nunca me había puesto tan impaciente porque alguien me hable. Él hasta el momento no lo hace, y me tengo que conformar con ver su punto verde entre “los más amigos”, me conformare con sus likes a fotos que nos etiquetan juntos y me conformaré viendo lo que publica sentada detrás de mí laptop con una sonrisa y nostalgia, imaginando mil tipos de temas de los cuales podríamos conversar.