En la noche estaba tratando de quitarme mis
uñas acrílicas de 2.70cm, me dolía, lloraba, pero seguía. Mi meta era quitármelas,
yo sola y sin ninguna ayuda, mi hermana veía Tv y de vez en cuando me miraba
como sufría con el cortaúñas, un pequeño serrucho y mis dientes; pero no decía nada,
yo seguía sufriendo.
*DOS DIAS ANTES*
Estaba a punto de salir de viaje hacia
Paracas, me encontraba sentada en la agencia de viaje de una empresa conocida,
de repente mi celular vibro, era un mensaje, pongo la contraseña de mi teléfono
y lo leo; había leído las tres primeras palabras “HOLA SOY…” y de pronto mis
manos sudaron, mi corazón latió más fuerte de los normal, un torbellino sacudió
mi estomago y mis ojos se nublaron. ¿Era él?, en ese instante no me intereso
como consiguió mi numero, ni porque me mandaba el mensaje (era por motivos
parroquiales), simplemente supe que una adrenalina invadía mi cuerpo, me puse
mas nerviosa de lo normal. ¡Caray!, no tenia saldo, espere cerca de una hora y
media para que alguien me preste un mensaje, ¡lo hice!, lo envié, en otra
circunstancia hubiera dudado pero lo hice con toda la seguridad del mundo. Nos
mandamos 3 mensajes y termino con un “BUENO CHAU CUIDATE”, eso basto para que
mi madrugada se vuelva placentera.
Al día siguiente, ¡lo mismo!, nos mensajeamos,
pero seguían con los asuntos parroquiales, pero a la vez con un toque de otra
cosa, estaba confundida, realmente confundida, apague el celular, y esa noche
no dormí tan bien. El sábado me enrumbe a las
Islas Ballestas, y en el fondo del mar, dejé mis sentimientos por ti,
estaba decidida, y cuando yo decido nadie me vuelve atrás (eso fue lo que
pensaba); todo lo que yo sentía se quedo junto al ruido de los lobos marinos, al sonido de todas las clases de aves que existen en la isla y el soplo de la brisa del mar.
Terminó el recorrido y me sentí liberada, al día siguiente fue domingo y mi corazón
estaba tranquilo, hasta el momento.
Llegué a la charla que tenemos todos los
domingos con el padre, me toco leer en voz alta y sentí una mirada fija sobre
mi, voltee a ver quien era, y eras TÚ, me miraste y la bajaste rápidamente, me distrajiste
y por obvias razones leí mal. En tu turno de hablar como coordinador que eres,
lo centraste en mí, me ponías a mí como ejemplo y me sentía feliz e incómoda.
No puedo decidir que siento por ti, me duele y me atormenta ya no hablarte como
antes, tengo el estrés que este 25 de febrero que es el matrimonio religioso en
la parroquia te cases, porque seamos sinceros, tienes 25 y yo 18, esto es
imposible. Me duele, me dolerá, pero olvidare, seré sincera, no había sentido
algo así desde hace 3 años, pero continuaré
mi camino.
Al cortar esas rebeldes uñas solamente quería borrar
todas esas señas que hayas dejado en mi, esa tocada de mano que tuvimos la vez
pasada, la ayuda que te brinde, el juego que hicimos, quería borrarlo absolutamente
todo lo que tuviera que ver contigo, me
lo propongo y de todo corazón espero lograrlo. Eres una excelente persona, y
esa amistad no la quiero perder, te deseo toda la suerte del mundo.
Ahora aprendí a escuchar que cuando el viento retumba
en mis oídos significa que una tormenta se acerca, y esta vez me preparare bien para
poder sobrellevarla y salir sin ningún daño.
ANEXO:
Te quiero
porque ya no sé qué otra cosa hacer contigo. Te he extrañado, te he buscado, te
he odiado y siempre termino queriéndote.
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