sábado, 22 de marzo de 2014

Pertenezco a un cuarteto y ¡ME ENCANTA!


A veces las personas no saben que al dar la espalada un puñal es levantado.
Encontrar un verdadero amigo en estos tiempos es muy difícil, encontrar a alguien con quien puedas desahogarte es como un milagro.

“Si quieres un amigo, comienza por probarlo y no confíes en él inmediatamente. Porque hay amigos de ocasión que no son fieles el día de la desgracia. Hay amigos que se vuelven enemigos y que se pondrán a hablar de tus líos para avergonzarte… El amigo fiel es refugio seguro; el que lo encontró ha hallado un tesoro” – Sirácides 6,5 – 17

Hoy en día hay lobos disfrazados de ovejas. Un amigo es quien te cuida, te protege, te apoya; y aquí con esta descripción surgió una duda: Los jóvenes que forman una pandilla, ¿Son realmente amigos? Estuve debatiendo junto con algunos compañeros de la parroquia, realmente se puede llamar a alguien amigo cuando te incita a hacer cosas malas, ¿pero si igual te cuida y protege?- dijo Andy, increpándome el ejemplo- Claro en las borrachas se conocen a los “amigos” – pensé. Kike uno de las personas que estaba en el círculo en cual estábamos debatiendo, dijo una definición sobre estos “amigos”: Ellos no se pueden llamar amigos, ellos son cómplices, si bien cumplen con todos los requisitos al momento en el cual uno cae, los demás corren. Entre piedra y piedra el más lento se queda, las pandillas te condicionan para entrar, un amigo no; cuando no quieres seguir con lo que hacen ellos te imponen o te insultan, un amigo te comprende. Es bueno saber estos tipos de terminología para poder tratar con jóvenes, explicándoles bien la diferencia.

El año pasado conocí a dos jóvenes que integraban la misma pandilla, la pandilla se llamaba “NECROPSIA”, toda mi zona está pintada de su logo. Fue difícil trabajar con ellos, enseñarles, guiarlos en el camino de Dios; el resultado no fue satisfactorio, puesto que no trabaje con la familia, pero aprendí mucho de ellos. Aprendí  que los denominados “pandilleros” pintan las padres, tiran piedras, se pelean entre ellos, por un único motivo “llamar la atención”, en sus casas no les prestan atención y ellos quieren gritar a sus familias y al mundo ¡ESTOY AQUÍ, HAZME CASO, ESCÚCHAME, DENSE CUENTA QUE EXISTIMOS! Estos gritos se reflejan en las ya antes mencionada características. Un padre salesiano en un taller al cual asistí, dijo que trabajar con estos jóvenes es lo más satisfactorio y hermoso, porque dentro de ellos hay sinceridad, porque cuando se abren son un libro con muchas historias de dolor adentro, historias que te pueden hacer llorar y  sufrir si la viviéramos. El fruto del año pasado se llamó “Chucho”, el me enseño que esto es cierto, su abrazo de sinceridad y sus lágrimas que me daban las gracias por prestarle atención fue mi mayor satisfacción; y sus últimas palabras antes de dejarlo “libre” me hicieron llenar de orgullo: “Estando todo este tiempo aquí, pues me hicieron ver las cosas de diferente manera, me aburrí en las mayorías de las charlas. Pero te doy gracias, pues ahora las cosas que hago, lo pensare dos veces, pues sé que hay alguien que siempre me ve y se preocupa por mí, mi verdadero amigo”
Me enseño una gran lección, me enseño algo que quizás nunca hubiera comprendido si él no lo hubiera dicho en sus palabras, en su lenguaje, en su tono.

Amistad es sinónimo de amor, el amor es dar, y el que dio todo por nosotros, es Cristo. El amor es Cristo, la amistad es Cristo; si en el lazo que tienes con tus amigos o familias no está el amor (Cristo), no perdurará. Es un don que Él nos regaló y que debemos de cuidarla y fortalecerla día a día. Encontré mi familia escogida, ese lugar donde puede ser yo misma, donde me dicen las cosas con sinceridad, sin que se burlen, encontré el lugar donde menos pensé encontrarla, lo encontré y soy feliz. Somos un cuarteto, nos apoyamos y domingo tras domingo nos hacemos más unidos, porque en nuestra amistad está el amor. La amistad no conoce edad, la amistad no conoce procedencia, la amistad se da.


Post dedicado a: Shagui, Pollito y Stupidu. Gracias por entrar a mi vida, gracias por llegar en un momento en el cual mi fe estaba cayendo, gracias por sujetarme cuando estaba en el precipicio y sobre todo gracias por convencerme de servir una año más a Dios.

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