A veces las personas
no saben que al dar la espalada un puñal es levantado.
Encontrar un
verdadero amigo en estos tiempos es muy difícil, encontrar a alguien con quien
puedas desahogarte es como un milagro.
“Si
quieres un amigo, comienza por probarlo y no confíes en él inmediatamente. Porque
hay amigos de ocasión que no son fieles el día de la desgracia. Hay amigos que
se vuelven enemigos y que se pondrán a hablar de tus líos para avergonzarte… El
amigo fiel es refugio seguro; el que lo encontró ha hallado un tesoro” –
Sirácides 6,5 – 17
Hoy en día hay lobos
disfrazados de ovejas. Un amigo es quien te cuida, te protege, te apoya; y aquí
con esta descripción surgió una duda: Los jóvenes que forman una pandilla, ¿Son
realmente amigos? Estuve debatiendo junto con algunos compañeros de la
parroquia, realmente se puede llamar a alguien amigo cuando te incita a hacer
cosas malas, ¿pero si igual te cuida y protege?- dijo Andy, increpándome el
ejemplo- Claro en las borrachas se conocen a los “amigos” – pensé. Kike uno de
las personas que estaba en el círculo en cual estábamos debatiendo, dijo una definición
sobre estos “amigos”: Ellos no se pueden llamar amigos, ellos son cómplices, si
bien cumplen con todos los requisitos al momento en el cual uno cae, los demás corren.
Entre piedra y piedra el más lento se queda, las pandillas te condicionan para
entrar, un amigo no; cuando no quieres seguir con lo que hacen ellos te imponen
o te insultan, un amigo te comprende. Es bueno saber estos tipos de terminología
para poder tratar con jóvenes, explicándoles bien la diferencia.
El año pasado conocí
a dos jóvenes que integraban la misma pandilla, la pandilla se llamaba “NECROPSIA”,
toda mi zona está pintada de su logo. Fue difícil trabajar con ellos, enseñarles, guiarlos en el camino de Dios;
el resultado no fue satisfactorio, puesto que no trabaje con la familia, pero aprendí
mucho de ellos. Aprendí que los
denominados “pandilleros” pintan las padres, tiran piedras, se pelean entre
ellos, por un único motivo “llamar la atención”, en sus casas no les prestan atención
y ellos quieren gritar a sus familias y al mundo ¡ESTOY AQUÍ, HAZME CASO, ESCÚCHAME, DENSE CUENTA QUE EXISTIMOS! Estos gritos se reflejan en las ya antes
mencionada características. Un padre salesiano en un taller al cual asistí,
dijo que trabajar con estos jóvenes es lo más satisfactorio y hermoso, porque
dentro de ellos hay sinceridad, porque cuando se abren son un libro con muchas
historias de dolor adentro, historias que te pueden hacer llorar y sufrir si la viviéramos. El fruto del año
pasado se llamó “Chucho”, el me enseño que esto es cierto, su abrazo de
sinceridad y sus lágrimas que me daban las gracias por prestarle atención fue
mi mayor satisfacción; y sus últimas palabras antes de dejarlo “libre” me
hicieron llenar de orgullo: “Estando todo este tiempo aquí, pues me hicieron
ver las cosas de diferente manera, me aburrí en las mayorías de las charlas. Pero
te doy gracias, pues ahora las cosas que hago, lo pensare dos veces, pues sé
que hay alguien que siempre me ve y se preocupa por mí, mi verdadero amigo”
Me enseño una gran lección,
me enseño algo que quizás nunca hubiera comprendido si él no lo hubiera dicho
en sus palabras, en su lenguaje, en su tono.
Amistad es sinónimo de
amor, el amor es dar, y el que dio todo por nosotros, es Cristo. El amor es
Cristo, la amistad es Cristo; si en el lazo que tienes con tus amigos o
familias no está el amor (Cristo), no perdurará. Es un don que Él nos regaló y
que debemos de cuidarla y fortalecerla día a día. Encontré mi familia escogida,
ese lugar donde puede ser yo misma, donde me dicen las cosas con sinceridad,
sin que se burlen, encontré el lugar donde menos pensé encontrarla, lo encontré
y soy feliz. Somos un cuarteto, nos apoyamos y domingo tras domingo nos hacemos
más unidos, porque en nuestra amistad está el amor. La amistad no conoce edad,
la amistad no conoce procedencia, la amistad se da.
Post dedicado a: Shagui,
Pollito y Stupidu. Gracias por entrar a mi vida, gracias por llegar en un
momento en el cual mi fe estaba cayendo, gracias por sujetarme cuando estaba en
el precipicio y sobre todo gracias por convencerme de servir una año más a
Dios.

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